La educación basada en límites es necesaria para que nuestros hijos crezcan con seguridad y construyan una sana autoestima. Estos le permiten diferenciar lo que está bien de lo que no y ayudan a mejorar la convivencia familiar. Es inevitable y necesario decirles “no” en numerosas ocasiones y los niños deben aprender a aceptarlo y a frustrarse como parte de su aprendizaje vital. Lógicamente surgen los conflictos, a veces los niños no aceptan las normas impuestas y manifiestan su descontento pero los padres deben permanecer firmes y no ceder ya que esto les aportará coherencia y estabilidad.

Los límites ayudan a aumentar la tolerancia a la frustración. Todos hemos podido ver niños que llorando o pataleando en el suelo porque su madre no le ha comprado el juguete que quería, pero no podemos acceder a su conducta dándole lo que quiere, ya que de esta manera reforzaríamos la rabieta. Tenemos que mantenernos firmes y hacerle ver al niño que esa no es la manera de conseguir las cosas.

Dependiendo de la edad de nuestros hijos debemos emplear una estrategia u otra:

–       Hasta los 5-6 años de edad la conducta que suele preocupar más a los padres es la desobediencia. Es importante que a estas edades los padres les enseñen cómo hacer las cosas, pueden ayudarles o empezar pero que luego sean los niños los que terminen de hacerlo. Órdenes sencillas y de una a una y reforzar siempre lo que han hecho de forma correcta.

–       De 6 a 12 años podemos ser más flexibles porque ya habrán aprendido lo que tienen que hacer. Se puede empezar con los pactos siempre que cumpla con sus obligaciones.

–       En la adolescencia lo más importante es saber negociar, en esta etapa ya no valen las imposiciones por parte de los padres ya que los adolescentes suelen revelarse contra ellas. Negociar no es perder, es un pacto entre las partes en las que ambas ganan.

Centro de Psicología Camins