Uno de los motivos más frecuentes de consulta al logopeda es la disfemia o tartamudez que es un trastorno de la fluidez del habla. El CIE-IO (Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales y del Comportamiento-O.M.S.) la define como: “Trastorno del habla caracterizado por la frecuente repetición o
prolongación de los sonidos, sílabas o palabras o por frecuentes dudas o
pausas que interrumpen el flujo rítmico del habla”.

La disfemia de desarrollo Es el tipo de tartamudez más común. Ocurre en el momento en que el niño se encuentra aprendiendo el lenguaje y el habla, alrededor de los 2 y 5 años. Luego, cuando el niño aprende estructuras gramaticales más complejas presenta difluencias propias de este aprendizaje. Unos reaccionarán adecuadamente, recuperándose de esta fase. Otros, si se han dado los factores en intensidad y relación adecuados para disparar la tartamudez, reaccionarán ante estas difluencias desarrollando estrategias para superarlas (uso de fuerza y tensión en el habla) y ocultarlas (evitar hablar).

Según su forma de presentación la clasificamos en:

  • Tónica: caracterizada por las múltiples interrupciones ocasionadas por espasmos. Durante las interrupciones el paciente muestra rigidez y tensión faciales. Es la que presenta peor diagnóstico.
  • Clónica: caracterizada por las repeticiones de sílabas y palabras enteras, más frecuentes en consonante que en vocal, más todavía en oclusivas y que se dan mayoritariamente a principio que en medio de palabra.
  • Tónico-clónica o mixta: es el tipo más frecuente, porque resulta difícil encontrar un disfémico puro tónico o clónico, la mayoría combinan los dos síntomas.

Los síntomas más frecuentes que presentan las personas que padecen disfemia son:

– Uso de “muletillas” verbales.
– Alteraciones sintácticas y frases incompletas.
– Abuso de sinónimos.
– Discurso sin coherencia.
– Mutismo e inhibición temporales.
– Retraimiento y logofobia.
– Reacciones de angustia y ansiedad a la hora de comunicarse.
– Tics.
– Espasmos y rigidez facial.
– Hipertensión muscular.
– Alteración fono respiratoria funcional.
– Respuestas psicogalvánicas (sudoración excesiva, enrojecimiento, etc…)

En Camins centramos la intervención logopedica en la disfemia basándonos en técnicas de relajación, coordinación fonorespiratoria y ejercicios de control del habla. En muchas ocasiones se precisa de la intervención combinada por parte de un psicólogo, para reducir los niveles de ansiedad ocasionados por la disfemia.