psicologos para adolescentes

Vivimos en una sociedad en la que se da una importancia sobrevalorada a la apariencia física. Constantemente nos bombardean con imágenes de modelos con cuerpos perfectos y mensajes que promueven la idea de que el atractivo físico es sinónimo de aprobación y éxito. No es de extrañar que si asumimos estos mensajes como verdaderos y nos comparamos con estos modelos de belleza, percibamos que nuestro cuerpo se aleja de lo que se considera ideal. De este modo, nos podemos sentir presionados para alcanzar unos estándares estéticos poco reales y puede surgir una actitud negativa hacia nuestro propio cuerpo. Esto puede resultar dañino ya que estar insatisfechos con nuestro cuerpo aumenta el riesgo de tener baja autoestima, a la vez que nos empuja a seguir dietas estrictas, a practicar ejercicio físico excesivo, e incluso a someternos a cirugías peligrosas e innecesarias. Pasar tiempo preocupándonos por nuestro cuerpo y por cómo mejorarlo nos aleja de otros objetivos que pueden ser más importantes para sentirnos bien con nosotros mismos.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra imagen corporal?

  • Ante todo, recordemos que somos mucho más que nuestro aspecto físico. Valoremos todas nuestras cualidades, habilidades y logros.
  • Prestemos atención a cómo nos sentimos con nuestro propio cuerpo, no lo comparemos con el de los demás.
  • Seamos críticos con los mensajes sociales y las imágenes irreales que se transmiten por los medios de comunicación.
  • Apreciemos todo lo que el cuerpo hace por nosotros, es nuestro vehículo y nos permite hacer lo que queramos.
  • Utilicemos un lenguaje positivo, seamos amables con nosotros mismos.
  • Cada cuerpo es único, tratémoslo con respeto y cuidémoslo.

Amanda Barberá, psicóloga de Camins

psicologia educativa

Ya están aquí las vacaciones escolares y aunque éstas son, ante todo, un periodo de descanso, no deben de significar que los niños abandonen por completo un proceso de aprendizaje planificado y con unos fines pedagógicos preestablecidos.

Es importante pensar en actividades significativas y atractivas, con el fin de estimular la consolidación y aplicación de los conocimientos adquiridos durante el curso escolar y con el ánimo de fomentar el desarrollo de nuevos conocimientos, la ejercitación de hábitos y la estimulación creativa de las diferentes inteligencias.

Es por ello, por lo que en el Centro de Psicología Camins creemos que el verano es un buen momento para desarrollar unas técnicas de estudio eficaces ya que, a menudo, los estudiantes no tienen éxito simplemente porque no han desarrollado las técnicas de estudio más adecuadas para ellos. Cada persona debe encontrar la manera de desarrollar las técnicas que necesita.

Es importante a la hora de estudiar:

  • Desarrollar un horario de estudio adecuado.
  • Adquirir una lectura y una comprensión lectora adecuada.
  • Tener conocimientos sobre como sintetizar y organizar la información.
  • Usar nemotecnias.
  • Saber qué hacer antes, durante y después de un examen.
  • Conseguir gestionar la ansiedad para que no influya en los resultados.

Ana Egea, psicóloga de Camins

 

fobia escolar

Los niños pasan la mayor parte del tiempo en el colegio, es aquí donde establecen sus primeras relaciones sociales, juegan, forman su primer grupo de amigos, inician sus relaciones con los profesores o figuras de autoridad, y comienzan sus aprendizajes (lectoescritura, aritmética…etc). El colegio debe ser para ellos un lugar que les ofrezca oportunidades de aprendizaje, así como de diversión y momentos que les dejarán huella el resto de sus vidas. A partir de estas primeras experiencias construirán su autoconcepto y autoestima, adquirirán habilidades sociales y se desarrollarán como personas. ¿Pero, y qué ocurre cuando el cole les genera aversión o se niegan a ir? ¿Cómo saber si tienen miedo a ir al colegio o simplemente prefieren hacer novillos?

Cuando hablamos de rechazo a la escuela nos referimos a la resistencia a asistir al colegio producida por un miedo excesivo a elementos propios de la situación escolar como pueden ser ciertas asignaturas, conflictos con algún compañero o el simple miedo a separarse de las figuras de apego (Trastorno de Ansiedad por Separación). Los novillos son más característicos de las conductas desafiantes y oposicionistas que algunos niños manifiestan. ¿Cómo diferenciar entre fobia escolar y novillos?

El niño con fobia escolar:

  • Siente miedo intenso en situaciones escolares concretas como puede ser salir a la pizarra.
  • Se niega a ir a la escuela llegando a manifestar síntomas físicos como dolor de barriga o de cabeza.
  • Si se marcha del colegio regresa a su casa de forma que los padres no saben dónde está su hijo en horario escolar.
  • Antes de desencadenarse la fobia la pauta escolar es satisfactoria (atiende en clase, realiza sus tareas académicas…), su conducta suele ser correcta (obedece a los profesores, no se pelea con los compañeros…)
  • Suele darse sintomatología ansiosa o depresiva asociada.

El niño que hace novillos:

  • No experimenta miedo.
  • Se aburre en clase (bien porque no tiene ganas de trabajar o porque no entiende las explicaciones)
  • No va a poner resistencia a ir a la escuela sino que puede incluso fingir que asiste con normalidad.
  • Cuando se escapa del colegio callejea, incluso realiza actividades en las que se lo pasa bien.
  • Los padres suelen enterarse por terceros de las faltas a clase.
  • Con anterioridad suele ser un niño que no atiende en clase, no entrega sus tareas y en general manifiesta un trabajo escolar pobre.
  • Pueden observarse comportamientos de indisciplina, desafío a las figuras de autoridad.
  • Los problemas que suelen ir asociados son los comportamientos antisociales (actos vandálicos, gamberrismo o delincuencia juvenil.

Si bien ambos casos generan absentismo escolar, debemos saber identificar que está en la base del problema para poder realizar una intervención adecuada. En Camins trabajamos estas dificultades con el objetivo de que los niños puedan adherirse a las rutinas escolares y crecer felices.

Sandra Daudí, psicóloga.

TERAPIA ADULTOS

Muchas personas consideran que si tratan de “tenerlo todo bajo control” van a sentirse más tranquilas y seguras. La realidad es bien diferente. La vida es constante cambio y evolución y cuanto más tratamos de controlarlo todo, paradójicamente, sentimos una mayor inseguridad. Siempre pueden surgir imprevistos, las situaciones son cambiantes, las personas, a veces imprevisibles y es muy difícil que todo ocurra tal y como esperamos.

Seguro que todos teníamos muchos planes para 2020, pero la vida de nuevo nos dio una gran lección “amóldate a las cosas conforme surgen. Ten previsto que la situación puede cambiar en cualquier momento”. Podemos ser rígidos, con ideas fijas sobre lo que queremos (como un metal, que por muy fuerte que sea, bajo presión puede partirse) o podemos ser flexibles y ajustarnos a las cosas conforme se presentan (como un junco en un río que ante la fuerza de la corriente del agua, se dobla, se flexiona, se amolda y no llega a romperse).

Es precisamente la baja tolerancia a la incertidumbre, a no saber lo que va a pasar, como las situaciones pueden cambiar de repente, lo que puede llevar a algunas personas a desarrollar problemas de ansiedad. Esto ocurre porque anticipan todo el tiempo aquello que puede llegar a ocurrir y, normalmente, los pensamientos suelen ser catastrofistas, pensando en la peor situación posible.

Para trabajar sobre esto, la idea no es cambiar pensamientos negativos por positivos, esto resulta poco útil y efectivo. Se trata de expandir la forma de pensar sobre las cosas, tratar de ajustar los pensamientos a que sean un poco más realistas, basados en algo más palpable y no solo en nuestras suposiciones y plantearnos variedad de posibilidades, donde lo que temo puede ocurrir pero también lo que me gustaría. De este modo mi angustia puede verse reducida.

También hay gente que confunde la rigidez mental con tener unos valores claros y definidos. Uno puede ser fiel a su postura sobre las cosas pero siempre con una actitud abierta a escuchar opiniones diferentes, lo cual es muy enriquecedor y nos ayuda a evolucionar y crecer. Cerrarnos en banda a aquello que es contrario a lo que pensamos, solo nos genera malestar, nos puede llevar a desarrollar irritabilidad, ansiedad, angustia, conflictos con nuestros seres queridos, rumiación (darle vueltas a las mismas ideas una y otra vez sin encontrar solución), etc.

Mantener la mente abierta, tratar de vivir más centrado en el presente para ir adaptándonos a las situaciones conforme surgen, ser previsores pero sin ser catastrofistas son valores de protección para enfrentar la adversidad.

niño afonico

La voz forma parte de nuestra carta de presentación. Además, para algunas personas es su herramienta de trabajo. Pensemos por un momento en profesiones como locutor de radio, presentador, profesor o conferenciante. Sería casi imposible que pudieran desarrollar su trabajo si les fallara la voz.

Todos conocemos a personas que con mucha frecuencia pierden la voz y hacen un gran esfuerzo para que los demás podamos escucharlos. Cuando la voz no funciona bien notamos ronquera, dolor de garganta, carraspeo o quemazón.

Muchas veces es la fatiga la que nos hace quedarnos sin voz después de un día largo en el que hemos tenido que hablar más de la cuenta y hoy en día con el uso de las mascarillas esa fatiga se multiplica. Pero otras veces, esto se produce sin haber utilizado la voz más que de costumbre. Cuando tenemos dificultades con la voz, el logopeda puede ayudarnos a recuperar su funcionalidad.

Podemos prevenir los problemas de voz siguiendo algunas pautas de higiene vocal:

  • Evitar gritar y hablar alto.
  • No permanecer demasiado tiempo en ambientes secos o con humo, ya que resecan la garganta.
  • Procurar no hablar mientras se está practicando deporte o cualquier actividad física.
  • Dormir suficientemente.
  • Beber mucha agua para mantenernos hidratados.
  • Respirar en la medida de lo posible por la nariz.
  • Descansar la voz y hablar lo menos posible en procesos catarrales o faringitis.
  • Controlar la alimentación, evitar las comidas picantes.
  • Evitar los caramelos ya que resecan la garganta.

Cuida tu voz, recuerda que es nuestra carta de presentación frente a los demás y les dará información sobre quienes somos y sobre cómo nos encontramos.

Neus Franch, logopeda de Camins

 

PSICOTERAPIA CASTELLON

Las emociones que experimentamos en nuestro día a día son útiles, nos permiten ajustarnos a las demandas de nuestro entorno, alcanzar nuestras metas, comunicarnos con los demás, etc. Sin embargo, las emociones pueden suponer una fuente de malestar en la medida en que no las gestionamos o manejamos adecuadamente.

Hoy os ofrecemos algunas de las estrategias que podemos poner en marcha  para influir sobre las emociones que tenemos, cuándo las tenemos y cómo las experimentamos y expresamos a través de cambios en nuestra forma de pensar y comportarnos.

Para influir sobre qué emociones experimentamos podemos alterar su desencadenante, por ejemplo, seleccionando la situación a la que nos enfrentamos, modificándola, dirigiendo nuestra atención sobre diferentes aspectos de la situación o modificando nuestras valoraciones sobre la misma. Por otro lado, una vez estamos experimentando un estado emocional, podemos influir sobre el tipo y/o magnitud de la experiencia interna, así como los diferentes modos en que podemos expresarla externamente.

ESTRATEGIAS DE REGULACIÓN EMOCIONAL:

Selección de la situación: Las situaciones a las que nos enfrentamos nos pueden producir emociones, por lo que podemos anticiparlo. Por un lado, podemos evitar aquellas situaciones que sabemos que pueden generarnos emociones desagradables (p.ej., coger una ruta diferente para ir a comprar con tal de evitar a un conocido que nos suele hacer bromas ofensivas a pesar de nuestras peticiones de que no lo haga). Por otro lado, podemos buscar o acercarnos a aquellas situaciones que creemos que nos van a producir emociones agradables o amortiguar las desagradables (p.ej., ir en busca de un amigo con quien poder desahogarnos tras una discusión con nuestra pareja).

Modificación de la situación: Ante situaciones sobrevenidas que nos producen una emoción desagradable, podemos adaptarnos y crear una situación alternativa que mejore esa emoción, centrándonos en el problema y buscando la mejor solución. Por ejemplo, que se pinche la rueda del coche cuando estamos de camino a una reunión importante, no es una situación que elijamos. Sin embargo, seguramente disponemos de alguna alternativa para solucionar o mejorar esa situación, como convertir la reunión en una comunicación vía telefónica.

Cambio del foco atencional: Cuando estamos en una situación que nos produce cierto malestar, podemos decidir centrar nuestra atención en otros aspectos que nos faciliten el afrontamiento de la misma. La distracción consiste en dirigir nuestra atención hacia aspectos de la situación que no sean emocionales, como cuando tarareamos una canción antes de entrar a una cita importante con nuestro jefe. La concentración, en cambio, es la habilidad para atender por completo a una tarea centrándonos en los aspectos positivos o neutros de una situación, como cuando decidimos leer una revista en la sala de espera mientras esperamos o llamamos a un amigo.

Cambio de pensamiento: El cambio de pensamientos supone buscar otros posibles significados para una situación que valoramos como importante y que nos genera malestar al no alcanzar nuestros objetivos. Por ejemplo, cuando experimentamos un fracaso con respecto a un objetivo, como que nos rechacen en una entrevista de trabajo, lo podemos reinterpretar como un éxito con respecto a otro objetivo (haber superado las fases previas compitiendo con otros aspirantes muy capacitados), o por lo menos, como un evento del que podemos aprender (esforzarnos nos ha llevado a superar fases de la entrevista, por lo que nos podemos preparar para futuras oportunidades y aprender de los errores).

Modulación de la experiencia y expresión emocional: Al sentir una emoción, resulta imprescindible reconocer aquello que estamos experimentando y comprender qué es lo que nos está señalando para poder actuar en concordancia con nuestros valores, metas y necesidades. Por ejemplo, ante una discusión con un amigo, enfadarnos nos permite reconocer una injusticia y defendernos ante la misma. Sin embargo, puede resultar necesario modular la activación fisiológica que nos genera la emoción antes de pasar a la acción para no actuar impulsivamente y que esto genere otros problemas (p.ej., utilizando alguna técnica de respiración o relajación). También podemos manejar la forma en la que expresamos de manera externa esta emoción, modulando nuestro comportamiento (p.ej., reduciendo el tono de voz, disminuyendo los movimientos corporales y los gestos).

Amanda Barberá, psicóloga de Camins