psicologa castellon

Alrededor de los seis meses de edad, todos los niños experimentan miedo y angustia al separarse de las figuras con quienes han establecido el apego. Este miedo se intensifica en torno a los dos años aproximadamente. Esto supone una protección para el pequeño, el cual, estando vinculado afectivamente a sus cuidadores, garantiza su cuidado y resguardo de los peligros del entorno. ¿Pero cuándo esto se convierte en un problema?

Si observamos que nuestros peques experimentan ansiedad desproporcionada y prolongada ante determinadas situaciones relacionadas con esta separación, así como determinados síntomas, podríamos estar ante lo que llamamos en psicología: Trastorno de Ansiedad por Separación.

En concreto, nos referimos a sintomatología de este tipo:

  • Si el niño manifiesta malestar intenso cuando anticipa o vive la separación de las figuras de apego o del hogar.
  • Cuando tiene excesiva preocupación por la pérdida de alguno de sus cuidadores, esto es, que les ocurra algo malo, como un accidente o enfermedad.
  • Si observo que el peque teme que le pueda ocurrir algo que suponga la separación como puede ser perderse o que alguien lo rapte.
  • Cuando manifieste resistencia o rechazo a salir de casa, por ejemplo a ir a la escuela.
  • Si muestra miedo ante la idea de quedarse solo en casa o en algún lugar.
  • En situaciones en que rechace dormir fuera de casa o en la misma sin la figura de mayor apego.
  • Pesadillas acerca de separarse de sus cuidadores.
  • Sintomatología física cuando anticipa o se produce la separación como por ejemplo, dolor de estómago, náuseas, cefaleas…etc.

Estos síntomas van a causar mucha interferencia en la vida cotidiana del niño, impidiéndole realizar actividades en su día a día, y por tanto, alterando su funcionamiento. Si como cuidador crees que te encuentras ante un posible caso de Ansiedad por Separación, en Camins podemos ayudarte, ya que por ser uno de los trastornos más habituales en la infancia, solemos tratarlo con mucha frecuencia en consulta.

Sandra Daudí

Psicóloga sanitaria de Psicología Camins

Como cada verano, en Camins hemos preparado varios talleres para niños y adolescentes destinados a mejorar aspectos de aprendizaje y emocionales.

Este año es distinto a los anteriores, el confinamiento que hemos vivido nos ha afectado a todos, y por supuesto, los niños no son menos. Por este motivo, este año, más que nunca, hemos centrado los temas de los talleres en las necesidades que hemos detectado tras este parón escolar.

Los talleres que os proponemos este verano son:

  1. TALLER DE REFUERZO EDUCATIVO. Las dificultades en lectoescritura y en atención son las más frecuentes en niños de Educación Primaria. Durante estos meses, muchos de los niños que recibían apoyo en sus colegios se han visto obligados a interrumpir su atención. Por eso en Camins hemos diseñado un taller especialmente para ellos, con el fin de prevenir posibles problemas el curso que viene. Pero no solo está pensado para los alumnos de PT, sino también para todos aquellos niños y niñas a los que les cueste leer y escribir o que se despisten con facilidad.
  2. TALLER DE EDUCACIÓN EMOCIONAL. Este taller está enfocado a niños de primaria y secundaria y tiene como objetivos potenciar la autoestima, mejorar las relaciones sociales y desarrollar habilidades personales como la empatía.
  3. TALLER DE TÉCNICAS DE ESTUDIO. Los problemas académicos muchas veces son el resultado de un método de estudio deficiente. Es importante que los niños aprendan a utilizar técnicas activas de estudio que les permita asimilar de forma efectiva lo que aprenden. De igual modo, planificarse y organizarse adecuadamente es fundamental para obtener buenos resultados académicos.

 

Si crees que alguno de estos talleres le puede venir bien a tu hijo/a contacto con nosotras, estaremos encantadas de ayudarte!

 

Sara Cantavella, directora de Camins

Actualmente el divorcio está a la orden del día, más del 50% de los matrimonios en el 2018 se separaron. Los niños en el colegio conviven con otros niños con configuraciones familiares muy diversas (monoparentales, divorciadas, reconstituidas…). Si echamos la vista atrás y comparamos, la separación de los padres actualmente está socialmente normalizada. A pesar de ello, sigue siendo un momento difícil en la vida de las familias y por ello las dudas en estas situaciones surgen con mayor intensidad.

En el post de hoy os traemos unas recomendaciones a tener cuenta en el momento de comunicar a vuestros hijos vuestra separación:

  • Ser vosotros los que deis la noticia y estar los dos juntos a la hora de comunicar la decisión: Es importante que seáis vosotros mismos los que se lo digáis. Hay familias que optan por que sea una tercera persona quien se lo cuente a los niños (tíos, hermanos mayores de edad, un profesional…). Los niños necesitan sentir que vais a seguir siendo una familia y por eso es importante que seáis vosotros dos, juntos, quien le comunique lo decidido.

 

  • Buscad un momento en el que vosotros estéis tranquilos. Decidir divorciarse puede implicar malestar y dolor emocional. Tratad de buscar un momento en el que os encontréis con fuerza mental y emocional para poder hacer frente a la situación.

 

  • Es una ruptura de pareja, pero NO DE FAMILIA. Cuando los padres se divorcian el mayor miedo de los niños es perder a uno de los dos y separarse de sus hermanos. Dejarles claro que lo que ha sucedido es una ruptura de pareja no de familia. “Papá y mamá ya no están enamorados, pero siguen siendo vuestro papá y vuestra mamá y o siguen queriendo mucho”.

 

  • Dejad claro que ellos no tienen ninguna culpa. Muchos niños creen que ha sido por algo que han hecho ellos mismos y os hayan podido enfadar. Aclararles que ellos no han hecho nada malo, esto es entre vosotros.

 

  • Darles la oportunidad a que se expresen y os pregunten todas sus dudas. Seguramente les asalten mil dudas, es importante que les deis ese espacio de confianza donde se puedan expresar y comunicar. Puede que hagan preguntas que no sepáis resolver, sed sinceros con ellos y decirles que vosotros tampoco lo sabéis.

 

Es un momento difícil en la vida de las familias, muchos padres se preocupan por el bienestar psicológico de sus hijos ante esta decisión. Temen que les puedan provocar daño psicológico o que pueda haber secuelas a nivel emocional. Sin embargo, los estudios sobre este ámbito reflejan que la separación de los padres per se no constituye en si un riesgo para la salud mental de los hijos.

Joana Jarque Marín

Psicóloga Sanitaria y Jurídica en Psicología Camins

Dislexia

En nuestra vida cotidiana, es natural vivir la pérdida de algún ser cercano. Cuando esta pérdida se produce en un hogar donde hay niños pequeños, los adultos nos encontramos con muchas dudas acerca de cómo gestionar este tipo de situaciones. ¿Debo decirle la verdad? ¿Debo edulcorar la muerte para que no le impacte emocionalmente? ¿Es mejor que no asista al funeral?
Frecuentes son las situaciones en las que los niños con su natural curiosidad acerca de la muerte, nos hacen preguntas, momentos vividos con mucha incomodidad por parte de los adultos, quienes respondemos con evasivas e intentamos cambiar de tema o incluso les damos explicaciones del estilo: “se ha ido a un viaje muy largo”, “se ha dormido y no ha despertado” o “está arriba en el cielo”. Todas estas cuestiones surgen de nuestra buena intención de querer proteger a los más peques de la casa y evitarles sufrimiento y dolor. Pero nada más lejos de esto, quizás estemos facilitando que se produzcan en el niño emociones como la ira, la frustración o el miedo, añadidas a un estado de confusión que puedan dificultarle la comprensión del concepto “muerte”.
¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de gestionar estos momentos?

  • El niño debe entender que la muerte es irreversible, que la persona fallecida no tiene opción de volver, y que ya no puede oírnos, ni vernos, ni siente ni padece. Esto facilitará su comprensión y evitará que se genere falsas expectativas de su retorno, así como ideas del estilo “nos observa desde arriba”, “no se ha llevado su revista favorita”…
  • Cuando fallece alguien cercano al niño, es fácil que se pregunte si esto también le pasará al resto de cuidadores o incluso puede que se preocupe acerca de su propia muerte. Le podemos explicar que cuando nosotros fallezcamos él será mayor y podrá cuidar de sí mismo, de esta manera no le generaremos ansiedad ante la posibilidad de quedarse desprotegido. Que él también morirá algún día, dentro de muchos años. (Aún sabiendo que nadie estamos libres de una muerte temprana, debemos lanzarles el mensaje de qué es lo más probable).
  • Tenemos que dejarle claro que siempre que se produce una muerte, hay una causa física. De esta forma, no elaborará sus propias conjeturas del tipo “ha muerto porque me porté mal”. Los niños necesitan información clara y concreta, y si no se la ofrecemos recurrirán a su pensamiento mágico propio de la edad.
  • Es importante hacerle partícipe de los ritos funerarios, siempre y cuando le anticipemos lo que va a ver y las características de la situación. Es una oportunidad de despedirse del fallecido y no debemos negársela. La idea de que asistir al funeral va a traumatizarlo es errónea, siempre y cuando lo protejamos de posibles situaciones donde aparezcan emociones desbordadas o comentarios desafortunados.
  • Evitar lanzar mensajes del estilo “ahora debes ser fuerte”, “desde donde está no debe verte triste”. Debemos proporcionarle un espacio para expresar sus emociones, tiene derecho a sentir emociones negativas y si nosotros somos los primeros en no reprimirlas, el niño tampoco lo hará. Los adultos solemos tener el apoyo de otros adultos ante situaciones de duelo, pero los niños dependen directamente de nosotros para ello.
  • Es muy importante mantenerle en sus rutinas, que perciba estabilidad en su día a día. Los niños, a diferencia de los adultos, no ven afectadas todas las áreas de su vida ante la muerte de un ser querido, solo se verán afectadas unas pocas, por tanto, si llevan un ritmo de vida parecido al de antes, se adaptarán mejor a la pérdida. Es lógico que pregunten ¿Quién me llevará al colegio ahora? ¿quién me hará la comida? Debemos lanzarles el mensaje de que va a seguir estando cuidado, protegido y seguro.
  • Si tenemos creencias religiosas, es importante tener en cuenta que lo primero es que entienda la muerte física y siempre que comprenda esto, podremos explicar el significado de la muerte desde la religión. Pues no es extraño el caso de niños que todavía siguen buscando entre las nubes del cielo a su familiar fallecido, consecuencia de la confusión que se les ha generado.

Por último, los niños captan las situaciones mejor de lo que pensamos. Cuando se da una pérdida perciben que algo ha cambiado, y si les negamos la oportunidad de aprender de estas situaciones, no elaborarán sus propias estrategias de afrontamiento ante futuras pérdidas

Sandra Daudí

Psicóloga Sanitaria en Psicología Camins

¿Vamos a dar una vuelta? Estabas contando los días para poder abrir la puerta de tu casa y salir a pasear, a correr y a estar con los amigos. Sin embargo, hoy es el día, y sorprendentemente no te apetece salir. “Ya saldremos mañana”, le dices a tu marido. “Es que hoy estará todo el mundo en la calle”. Pero llega mañana, y tampoco sales, y el día siguiente, más de lo mismo. Intentas convencerte a ti misma de que lo haces por precaución y que cuando la gente se canse de los paseos y haya menos personas en las calles de tu pueblo empezarás a salir y a “volver a la normalidad”.

Durante estos días en los que hemos empezado la desescalada, no todo el mundo la ha recibido con ansias e ilusión. Muchos son los que no tienen ganas de salir, algunos por miedo al contagio, otros porque no se fían de que los demás no cumplan las medidas de seguridad. Pero todos ellos tienen algo en común, les cuesta adaptarse al cambio y prefieren la seguridad que han adquirido en sus casas. Porque, aunque parece imposible, también nos hemos acostumbrado al confinamiento. El que más y el que menos se ha habituado a su nueva rutina en casa. Pasa más tiempo con su familia, hace magdalenas, se ha convertido en un experto en bricolaje y hasta ha empezado a pintar.

Al fin y al cabo, tampoco se está tan mal. Esta sensación de no querer salir, y de mostrar reticencias hacia el mundo exterior y el contacto social se conoce como el síndrome de la cabaña.

Lo cierto es, que este síndrome es más frecuente de lo que pensamos. De hecho, suele ser una respuesta habitual de las personas tras una situación excepcional, y la pandemia actual sin duda lo es. El ser humano es un animal de costumbres y tras habernos acostumbrado a estar en casa, ahora debemos desacostumbrarnos de nuevo para poder salir de ella. Ante el cambio, algunas personas reaccionan con ansiedad. Y el mero hecho de abrir la puerta de casa puede hacer que se les acelere el corazón, les suden las manos o sientan un ligero mareo. Pero ¿y qué hacer en estos casos?

  • No tengas prisa, ve poco a poco. No es necesario que el primer día des largos paseos, prueba en bajar la basura o en recorrer tu calle.
  • Haz pequeños esfuerzos, aunque sea poco a poco. Sal: si evitas de forma tajante el contacto con el exterior puede convertirse al final en un problema mayor.
  • Adopta las medidas de seguridad recomendadas. Ya sabemos que si somos prudentes el riesgo de contagio es mínimo.
  • Recuerda que estamos ante una situación temporal y que, aunque aun no sabemos cuánto va a durar, lo cierto es que acabará.
  • ¡¡Felicítate por los avances, por pequeños que sean!!

Sara Cantavella Edo

Directora de Psicología Camins Castellón y Torrelodones

Durante estas semanas de confinamiento, seguramente, todas las personas hemos pasado por pequeños momentos de “bajón emocional”, preocupaciones o pensamientos negativos que nos producen malestar y que tenemos la necesidad de paliar de alguna manera. Cuando pasamos por situaciones que nos generan ansiedad, podemos recurrir a ciertas conductas como “válvula de escape” como son las compras compulsivas, juego online, consumo de alcohol o darnos atracones de alimentos con exceso de azúcares y grasas. Estas conductas resultan muy reforzantes a corto plazo, produciéndonos la sensación “engañosa” de aportarnos tranquilidad y reducción de nuestra ansiedad, pero esta sensación de “aparente” bienestar no se mantiene en el tiempo, de forma que, lo más probable, es que volvamos a tener la necesidad impulsiva de recurrir a las mismas. A largo plazo, las consecuencias pueden ser muy negativas, como la ganancia de peso, riesgo en nuestra salud cardiovascular, adicciones, pérdidas económicas, todo ello acompañado de mayor malestar emocional. De esta manera, podemos vernos envueltos en un círculo vicioso del que nos resulte muy complicado salir.

¿Cómo gestionar estos momentos? ¿Qué manera tengo de afrontar estas situaciones?

En Camins  te ofrecemos algunos tips para controlar estas conductas y que no lleguen a convertirse en un problema:

  • Sigamos con nuestras rutinas diarias y planificadas. El mantener nuestra mente ocupada en actividades, sobre todo si estas resultan atractivas, es la mejor protección frente a las conductas de riesgo.
  • Comunícate. El hablar con mis seres queridos sobre cómo me siento, o sobre las preocupaciones que tengo puede ser muy terapéutico. El exteriorizar mis pensamientos negativos hace que me sienta liberado emocionalmente, incluso puede ayudar a estrechar vínculos.
  • Planifica una actividad dirigida a esos momentos de “bajón”. Debe ser una actividad gratificante y que sea capaz de hacerte desconectar de esas emociones desagradables que pueden invadirte de forma rápida. ¿Qué sensaciones tengo cuando me invaden dichas emociones?¿Ante qué situaciones suelen aparecer? Si logramos responder a estas cuestiones, seremos capaces de poner remedio y realizar esa actividad que contrarreste nuestro malestar.
  • Realiza ejercicio físico diario. La actividad física, yoga o incluso la meditación nos ayudan a disminuir tensión y a liberar endorfinas. En épocas de estrés, las personas con tendencia a sufrir ansiedad son más vulnerables a realizar conductas de riesgo como las comentadas, por lo que la práctica de ejercicio puede resultar vital para ellas.
  • Planifica bien tus compras. Si tenemos una idea aproximada de los alimentos que vamos a ingerir en cada comida, tendremos mayor percepción de control sobre lo que consumimos durante la semana, y seremos más conscientes de si tomamos algún alimento o bebida en exceso.
  • Permítete un “picoteo” en algún momento de la semana. El tomar un aperitivo con la familia en fin de semana, una película y unas palomitas, una pizza para cenar, pueden ser actividades muy positivas ya que nos aportan emociones agradables. Recurre a la elaboración de repostería como actividad puntual de fin de semana, no la conviertas en hábito. Esto no debe suponer un problema si se da de forma controlada. Los “pequeños placeres” son los más agradables.
  • Si estas suscrito a plataformas online de ropa o productos atractivos, controla el acceso diario a las mismas. Hoy en día nos resulta muy fácil y rápido realizar este tipo de compras ya que es habitual utilizar nuestros dispositivos móviles para este fin, a los que suelen llegarnos notificaciones con las novedades que ofrecen. Hagámonos conscientes de las veces que visitamos este tipo de plataformas, ya que ello disminuirá la probabilidad de caer en un consumo innecesario. En el caso de personas cuyo acceso sea frecuente, limitemos el mismo a un momento concreto de la semana, siendo importante ir espaciando en el tiempo las visitas a este tipo de portales.
  • Sustituye el juego online por alguna otra actividad. Si consideras que recurres a esta conducta como forma de gestionar tu ansiedad, lo primero que debes hacer es controlar la accesibilidad a este tipo de apps, eliminándolas de tu dispositivo móvil. Cuando sientas la necesidad imperiosa de realizar esta conducta, recuerda la actividad que has planificado para los momentos de “crisis” y aplícala.
  • Por último, si no sabes cómo gestionar el malestar emocional y te sientes vulnerable a caer en estas conductas de riesgo, no dudes en consultar a un profesional. Un psicólogo puede ser el mejor aliado en estas situaciones, ¡pide ayuda!

 

Sandra Daudí

Psicóloga Sanitaria de Psicología Camins