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¡Año nuevo, vida nueva!
Es una frase que nos repetimos a menudo en esta época del año que refleja el deseo de cambiar y llegar a ser la mejor de versión de nosotros mismos el próximo año.
Los ya conocidos “propósitos de año nuevo” son una tradición tan arraigada en nuestra sociedad como la tradición de no cumplirlos, pero ¿Por qué ocurre esto? Si el deseo de cambiar y ser mejores es real y sincero ¿Por qué no logramos conseguir esos propósitos?
En ocasiones el problema se encuentra en las características del propio propósito. Nos planteamos objetivos que son demasiado amplios y poco específicos como “comer mejor” o “tener menos estrés” y cuando el objetivo es especifico suele ser poco realista como “voy a adelgazar 20 kg” sin ni siquiera saber si nuestro cuerpo es capaz de tolerarlo. Por lo tanto, es importante recordar que antes de proponerte algo, debes ver si eres realmente capaz de lograrlo, cómo han sido tus intentos previos para hacerlo y qué puedes esperar de esta meta en la vida real.
Aunque nos propongamos objetivos adecuados, puede que la cantidad de propósitos sea desmesurada. Establecer un sinfín de propósitos nos puede llevar a no cumplirlos, por ello, es mejor establecer prioridades y a medida que vamos cumpliendo objetivos ir añadiendo propósitos.
La falta de motivación y de reflexión a la hora de plantear los propósitos de año nuevo nos lleva a fracasar. No debemos caer en los típicos propósitos que todo el mundo se marca para el nuevo año, los propósitos deben ser fruto de la reflexión individual y de las necesidades de cada uno. Es muy importante que los objetivos nos motiven para lograr cumplirlos.
Por tanto, podemos decir que las claves para conseguir los propósitos de año nuevo son:
– Plantear el propósito de forma adecuada: es importante que el propósito sea realista y que lo concretemos lo máximo posible, en lugar de “ir al gimnasio” el objetivo puede ser “ir al gimnasio 2 días a la semana”
– Establecer el número de propósitos adecuado
– Escoger aquellos objetivos que realmente queramos cambiar
– Compromiso y constancia: debemos comprometernos con el proceso de cambio y seguir sin dejarnos llevar por la pereza o la procrastinación.

Recuerda que un proceso de cambio no es solo reflexión y plantear objetivos. Por muchas listas de objetivos que redactemos, el cambio solo ocurrirá si realizamos acciones orientadas a acercarnos a esos objetivos.

Sheila Expósito Miralles, psicóloga

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¿Cómo ser padre o madre de un/a adolescente?
A veces pensamos en lo fácil que sería si nuestros hijos/as vinieran con un manual de instrucciones debajo del brazo, sobre todo en la adolescencia, ese periodo de cambios y adaptaciones que implican tanto a los hijos/as como a sus progenitores.
No existen recetas universales ni trucos mágicos que nos aseguren el bienestar de nuestros hijos o que éstos van a mostrar un comportamiento ajustado. Tampoco existen fórmulas que sirvan para todos los adolescentes ni para todas las situaciones, puede que lo que nos haya funcionado con unos, no sirva del mismo modo con otros.
Tenemos que aprender habilidades para ser buenos padres y madres. Ahora bien, tenemos que aprender a ser padres y madres de ESE HIJO/A EN CONCRETO y tener en cuenta factores como la situación, la edad, el grado de madurez, su personalidad, así como las propias creencias y valores como padre o madre.
A continuación te mostramos aquellos componentes fundamentales de un estilo parental adecuado:
– Dialogar con ellos, escucharles e intentar comprenderles.
– Mostrarse sensible a sus necesidades.
– Estar disponibles y apoyarles en las dificultades.
– Supervisar su conducta, estableciendo límites y normas (negociadas y flexibles).
– Respetar su forma de pensar.
– Estimular su comportamiento autónomo y responsable.
Algunos consejos prácticos para mejorar el afecto y la comunicación:
1. Dejar que vuestro hijo/a hable, que diga lo que piensa o siente.
2. Evitar sancionar o criticar su conducta de forma constante.
3. Enseñarle a buscar soluciones por sí mismos y razonar con ellos las ventajas e inconvenientes de cada elección.
4. Razonar con ellos las consecuencias de los comportamientos insatisfactorios.
5. Dar importancia a lo que dice, sin minimizar sus problemas o preocupaciones.
6. Interesarse por sus sentimientos, no solo por sus acciones.
7. Respetar su propio espacio personal.

Amanda Barberá, psicóloga de Camins

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Aprender a gestionar la rabia, la frustración, el enfado…, nos permitirá desarrollar nuestra inteligencia emocional, además nos ayudará a solucionar los conflictos, y a comprendernos y comunicarnos mejor.

Para poder gestionar estos momentos, es muy útil la técnica del semáforo. En esta técnica se siguen los siguientes pasos:

• SEMÁFORO EN ROJO. Nos detenemos.

Cuando estamos en una situación molesta donde sentimos rabia, enfado, frustración…, es difícil que podamos pensar.
En esta fase debemos aprender a identificar que estamos sintiendo y como se comporta nuestro cuerpo ante esas emociones desagradables. Es necesario que nos paremos un momento y reflexionemos.

• SEMÁFORO EN ÁMBAR. Reflexionamos.

Cuando nuestro “semáforo” ya está en ámbar, debemos darnos un tiempo para pensar en lo que nos está sucediendo, entender nuestras emociones y regularlas.
Es el momento de reflexionar e intentar relajarnos para buscar una solución al problema, actuar ante esta situación o tomar una decisión.

• SEMÁFORO EN VERDE. Actuamos.

Cuando ya nos hemos parado y hemos reflexionado, estamos en disposición de pasar al siguiente paso, ahora ya podemos actuar.
En esta fase podemos:
• Poner en práctica esa solución que hemos pensado y actuar.
• Hablar con esa persona del problema y aclararlo.
• Pedir perdón.
• Escribir sobre lo sucedido.
• Ofrecer ayuda.
• ¿Qué hemos aprendido y que haremos la próxima vez?

Sabemos que cuando nuestro “semáforo” emocional se calienta, muchas veces estallamos y es difícil controlar nuestras emociones. En ese momento no podemos pensar y nos cuesta mucho reflexionar. Es por esto por lo que primero necesitamos enfriarnos, atender a nuestro cuerpo y calmarnos

ANA EGEA RODRÍGUEZ
PSICOLOGA SANITARIA CENTRO PSICOLOGÍA CAMINS CASTELLÓN

PSICOLOGOS CASTELLON

¿Te ha ocurrido alguna vez que estás tan pendiente de las cosas que tienes que hacer que no logras centrarte en la actividad, tarea, lugar o persona con quien te encuentras en ese preciso momento?
Vivimos con la agenda cargada de tareas, apresurados para llegar a tiempo a todas partes, cumplir con obligaciones, ajustarnos a horarios y plazos, ser productivos… Esta sensación de ir con el piloto automático puede generarnos dificultades para desconectar, tomarnos un respiro, disfrutar de las personas con las que nos encontramos, de nuestras aficiones o incluso de los momentos de calma.
Si te sientes identificado/a con esto, te proponemos una herramienta que puede ser útil para salir del piloto automático y vivir el “aquí y ahora”, esto es, la atención plena o mindfulness.
El mindfulness consiste en fijar la atención de manera consciente en el momento presente, con interés, curiosidad y aceptación, procurando no interferir ni valorar lo que se percibe en cada momento.
Algunas estrategias que pueden ser de ayuda para poner en práctica la atención plena son las siguientes:
• Observar: Consiste en prestar atención a algo, es decir, percibirlo pero sin describirlo ni ponerle nombre.
• Describir: Implica utilizar palabras para representar lo que observamos, es decir, ponerle un nombre a lo que observamos.
• Participar: Es entrar de lleno en la actividad que estamos realizando.
• Sin juzgar: Se trata de adoptar una actitud no valorativa mientras se observa, se describe y se participa.
• Haciendo las cosas de una en una: Supone centrarse en una sola cosa en un momento dado.
• Con eficacia: Implica optar por lo que es más eficaz en una situación o haciendo una tarea determinada.
Practicar la atención plena en el momento presente puede resultarte difícil al principio, por ello te proponemos que empieces con un ejercicio que consiste en observar con los cinco sentidos. Se trata de que centres tu atención en lo que está ocurriendo a tu alrededor y lo observes con los cinco sentidos, como si fuera la primera vez que lo ves. Un ejemplo podría ser centrarte en tu desayuno o en el momento del baño utilizando la vista, el gusto, el olfato, el oído y el tacto.

Amanda Barberá, psicóloga de Camins

PSICOLOGIA INFANTIL

El Síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo, que se engloba dentro de los llamados Trastornos del Espectro Autista. Afecta, principalmente, a tres aspectos:

  • Comprensión de estados emocionales: tienden a presentar dificultades para comprender las reglas sociales y relacionarse.
  • Lenguaje y comunicación: suelen expresarse adecuadamente, llegando, incluso, a resultar pedantes. En contraste, pueden ser muy literales y, en consecuencia, no comprender las bromas o metáforas.
  • Flexibilidad cognitiva: por lo general, se caracterizan por tener intereses restringidos y rutinas inquebrantables.

Su reciente popularidad, en los medios de comunicación y el mundo televisivo, no sólo ha difundido el trastorno sino, también, ciertos mitos sobre el mismo, que seguramente todos hayamos escuchado en alguna ocasión:

  • El Síndrome de Asperger es una enfermedad”: ni se transmite ni tiene cura, es un trastorno del desarrollo. En su mayoría, se diagnostica en la infancia y puede evolucionar favorablemente con un tratamiento psicológico adecuado.
  • Las personas con Síndrome de Asperger son muy inteligentes”: ésta es una creencia bastante extendida pero lo cierto es su cociente intelectual ronda la media. Sólo una pequeña parte, se sitúa en un nivel alto. Se debe indicar que la justificación de esa idea se basa en la focalización de estas personas en los detalles y en temáticas concretas en las que se pueden especializar.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no se expresan bien”: el lenguaje es correcto y formal. La dificultad estaría en el uso social del mismo, es decir, en la entonación, en el volumen de voz u otras características pragmáticas del lenguaje.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no se relacionan”: desean relacionarse a pesar de ser conscientes de sus limitaciones a la hora de comprender a los demás. Como mencionamos con anterioridad, no captan los dobles sentidos, las metáforas ni la comunicación no verbal.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no tienen empatía”: en línea con el apartado anterior, estas personas pueden aparentar desinterés en cómo puedan o no sentirse el resto. Sin embargo, esto únicamente es una consecuencia más de sus dificultades a la hora de interpretar las emociones tanto propias como ajenas, que muchas veces hace que sus reacciones disten de los patrones sociales esperados.

Ana Egea, psicóloga de Camins

 

 

 

psicoterapia castellon

El otoño es melancolía de sol y playa, de los días largos, de quedar con amigos sin prisas ni horarios, de olvidarnos de las obligaciones que nos esclavizan el resto del año.

El otoño es lluvia, pisadas crujientes de camino al autobús, café caliente y mochilas pesadas por las mañanas.
El otoño es orden, horarios revisados una y mil veces, actividades diarias encajadas en pequeños huecos y sensación de serenidad por saber que todo está en su sitio.
El otoño es nostalgia, pero también calma.
Existen estudios científicos que relacionan el cambio de humor y de comportamiento con los cambios estacionales, teniendo en estos casos una tendencia a mostrar un estado de ánimo más bajo en los meses de invierno y aumentando éste de nuevo cuando entra la primavera. Evidentemente, este fenómeno no le pasa a todo el mundo, pero sí es un fenómeno que vemos en consulta. De hecho las consultas de personas con sintomatología depresiva suelen aumentar en otoño.

En estos casos es muy importante pedir ayuda, a pesar de que los síntomas suelen mejorar cuando se acerca el verano, es bueno tratarlos cuando surgen. De esta manera podremos prevenir complicaciones y buscar en la medida de lo posible un alivio del malestar emocional.

Si estás buscando ayuda, en Camins podemos ayudarte, llevamos 20 años acompañando a personas en su proceso vital.

Sara Cantavella, directora de Camins