PSICOLOGIA INFANTIL

El Síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo, que se engloba dentro de los llamados Trastornos del Espectro Autista. Afecta, principalmente, a tres aspectos:

  • Comprensión de estados emocionales: tienden a presentar dificultades para comprender las reglas sociales y relacionarse.
  • Lenguaje y comunicación: suelen expresarse adecuadamente, llegando, incluso, a resultar pedantes. En contraste, pueden ser muy literales y, en consecuencia, no comprender las bromas o metáforas.
  • Flexibilidad cognitiva: por lo general, se caracterizan por tener intereses restringidos y rutinas inquebrantables.

Su reciente popularidad, en los medios de comunicación y el mundo televisivo, no sólo ha difundido el trastorno sino, también, ciertos mitos sobre el mismo, que seguramente todos hayamos escuchado en alguna ocasión:

  • El Síndrome de Asperger es una enfermedad”: ni se transmite ni tiene cura, es un trastorno del desarrollo. En su mayoría, se diagnostica en la infancia y puede evolucionar favorablemente con un tratamiento psicológico adecuado.
  • Las personas con Síndrome de Asperger son muy inteligentes”: ésta es una creencia bastante extendida pero lo cierto es su cociente intelectual ronda la media. Sólo una pequeña parte, se sitúa en un nivel alto. Se debe indicar que la justificación de esa idea se basa en la focalización de estas personas en los detalles y en temáticas concretas en las que se pueden especializar.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no se expresan bien”: el lenguaje es correcto y formal. La dificultad estaría en el uso social del mismo, es decir, en la entonación, en el volumen de voz u otras características pragmáticas del lenguaje.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no se relacionan”: desean relacionarse a pesar de ser conscientes de sus limitaciones a la hora de comprender a los demás. Como mencionamos con anterioridad, no captan los dobles sentidos, las metáforas ni la comunicación no verbal.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no tienen empatía”: en línea con el apartado anterior, estas personas pueden aparentar desinterés en cómo puedan o no sentirse el resto. Sin embargo, esto únicamente es una consecuencia más de sus dificultades a la hora de interpretar las emociones tanto propias como ajenas, que muchas veces hace que sus reacciones disten de los patrones sociales esperados.

Ana Egea, psicóloga de Camins

 

 

 

psicoterapia castellon

El otoño es melancolía de sol y playa, de los días largos, de quedar con amigos sin prisas ni horarios, de olvidarnos de las obligaciones que nos esclavizan el resto del año.

El otoño es lluvia, pisadas crujientes de camino al autobús, café caliente y mochilas pesadas por las mañanas.
El otoño es orden, horarios revisados una y mil veces, actividades diarias encajadas en pequeños huecos y sensación de serenidad por saber que todo está en su sitio.
El otoño es nostalgia, pero también calma.
Existen estudios científicos que relacionan el cambio de humor y de comportamiento con los cambios estacionales, teniendo en estos casos una tendencia a mostrar un estado de ánimo más bajo en los meses de invierno y aumentando éste de nuevo cuando entra la primavera. Evidentemente, este fenómeno no le pasa a todo el mundo, pero sí es un fenómeno que vemos en consulta. De hecho las consultas de personas con sintomatología depresiva suelen aumentar en otoño.

En estos casos es muy importante pedir ayuda, a pesar de que los síntomas suelen mejorar cuando se acerca el verano, es bueno tratarlos cuando surgen. De esta manera podremos prevenir complicaciones y buscar en la medida de lo posible un alivio del malestar emocional.

Si estás buscando ayuda, en Camins podemos ayudarte, llevamos 20 años acompañando a personas en su proceso vital.

Sara Cantavella, directora de Camins

ANSIEDAD SOCIAL

¿Qué pasa si no me sale bien la entrevista de trabajo? ¿Tendré las cualidades que se requieren para el puesto? ¿Y si no soy el tipo de candidato que están buscando? ¿Qué pasa si no encuentro nunca trabajo? ¿Cómo haré para pagar los gastos?

¿Me pasará algo malo hoy? ¿Y si tengo un accidente? ¿Será grave y me tendrán que ingresar en el hospital? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para recuperarme? ¿Cómo lo haría para cuidar de mis hijos? ¿Y qué pasaría con mi trabajo?

La mayoría de personas tenemos preocupaciones sobre temas importantes en nuestra vida: familia, hijos, amigos, trabajo, estudios, economía, salud…

La preocupación es útil porque nos prepara para situaciones problemáticas, motiva la acción, promueve la resolución de problemas y previene la aparición de posibles sucesos negativos…

Sin embargo, la preocupación resulta disfuncional si se vuelve excesiva, se extiende a múltiples ámbitos de la vida cotidiana, resulta difícil de controlar y se asocia a un elevado grado de ansiedad.

Además, como vemos en el ejemplo previo, las cadenas de pensamientos se refieren a preocupaciones sobre posibles problemas o peligros que podrían ocurrir en el futuro pero, que a su vez, en la mayoría de los casos es poco probable que ocurran realmente.

De este modo, preocuparse de manera desproporcionada por problemas actuales o posibles sucesos negativos que puedan ocurrir en el futuro consume mucho tiempo y energía, entorpece la resolución de problemas y genera malestar emocional y síntomas de ansiedad como inquietud, tensión, problemas de concentración, fatigabilidad, irritabilidad, insomnio, entre otros.

En este caso podemos estar hablando de un problema psicológico conocido como trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Las personas con TAG:

  • Se preocupan por cosas que es improbable que sucedan o que si ocurren son mucho más manejables y menos dramáticas de lo que ellas piensan.
  • Tienden a darle vueltas en su cabeza a las cuestiones que le preocupan, siendo incapaces de alcanzar una solución, de tomar decisiones y de vivir con relativa tranquilidad con las consecuencias que conllevan.
  • Presentan una elevada intolerancia a la incertidumbre.
  • Tienden a catastrofizar o esperar los peores resultados posibles.
  • Sobrestiman la probabilidad de ocurrencia de eventos negativos.
  • Subestiman su propia capacidad de afrontamiento en caso de que sucedan los mismos.

Cinco preguntas útiles para decidir si preocuparse es desadaptativo:

  • ¿Te preocupas por cosas sobre las que la mayoría de la gente no se preocupa?
  • ¿Encuentras muy difícil dejar de preocuparte y, en consecuencia, no puedes relajarte?
  • ¿Tu preocupación raramente da lugar a alcanzar una posible solución para un problema en particular?
  • ¿Crees que si no te preocupas, sucederá realmente un acontecimiento terrible?
  • ¿Te preocupas por no preocuparte o te preocupas cuando las cosas te van bien en la vida?

Algunas pautas que pueden ser útiles para manejar estos pensamientos:

  • Toma conciencia de tus preocupaciones.
  • Pregúntate:
    • ¿La preocupación se refiere a un problema actual? Si el problema es real y ya existe, ocúpate. Toma decisiones sobre la manera de solucionarlo y actúa.
    • ¿La preocupación tienen que ver con situaciones hipotéticas? Si el problema no existe todavía (y, en muchos casos, no existirá), no te anticipes.
  • Analiza las razones por las que las consecuencias negativas que temes son exageradas y a la vez es poco probable que ocurran.
  • Piensa en los motivos que indican que resultados alternativos menos negativos son más realistas y también más probables.
  • Describe las cosas tal y como son en el presente y actúa en consecuencia. El futuro es incierto y, como aún no existe, no podemos actuar sobre él.
  • En caso de que ocurran las consecuencias que temes, confía en tu capacidad para afrontarlo. Ya has tenido que hacer frente a otros problemas y has podido lidiar con ello. Siempre habrá alguna opción para resolverlo.

Amanda Barberá, psicóloga de Camins

PROBLEMAS PAÑAL

¿Existe una edad concreta en la que debamos retirar el pañal? ¿Es normal que mi hijo no quiera hacer sus necesidades en el inodoro u orinal?

Muchos padres muestran preocupación por este tema ya que en algunos casos este proceso no resulta tan fácil.  La adquisición del control de esfínteres es un proceso evolutivo, natural, y debemos ser respetuosos con el niño, pues cada peque tiene su ritmo y si intentamos retirar el pañal antes de que esté preparado para ello, podemos generarle sentimientos muy angustiosos a la hora de evacuar llegando incluso a experimentar fobia ante esta situación. Cuando esto ocurre, puede que los niños se nieguen a sentarse en el wc, se pongan muy ansiosos cuando llega la hora de defecar, intenten evitar hacer sus necesidades…

Por consenso social se ha establecido que es alrededor de la edad de los 2 años cuando se debe retirar el pañal, ya que muchos colegios exigen que los niños inicien su escolarización con el control de esfínteres ya adquirido. Sin embargo, en muchas ocasiones, el niño no se encuentra todavía preparado para este momento y son frecuentes los casos que nos llegan a consulta en los que observamos que el niño ha iniciado una fobia a defecar. Cuando se da esta fobia, el niño muestra mucha angustia ante esa situación, en la que intenta aguantar las ganas de ir al wc y, en el peor de los casos comienza un círculo vicioso en el que la evitación de defecar produce estreñimiento, dando lugar a evacuaciones dolorosas que el niño intentará evitar. Por tanto, ¿Cuáles son las señales que me indican que mi hijo puede haber entrado en esta dinámica?

  • Si observo que se pone muy ansioso incluso manifiesta llanto intenso a la hora de evacuar.
  • Cuando a la hora de hacer caca se va a un rincón e intenta contraerse o cambiar de postura para que se le pasen las ganas.
  • Si observo las heces mas endurecidas de lo normal (estreñimiento).
  • Cuando muestra rechazo por sentarse en el wc, orinal, y miedo a todos los elementos relacionados.
  • Finalmente, si manifiesta un cambio en su estado de ánimo con mayor irritabilidad, ira, tristeza o ansiedad.

Estos pueden ser algunos factores que nos muestran que el niño puede estar experimentando este miedo, no obstante, deberá ser un profesional el que realice el diagnóstico adecuado y descartar la existencia de cualquier otra posible causa del mismo.  Pese a ser un miedo muy natural, evolutivo y en la mayoría de las ocasiones transitorio, resulta ser un proceso lento que el niño irá superando gradualmente con altas dosis de cariño, empatía y serenidad.

Para saber cómo afrontarlo puedes ponerte en contacto con Camins. Estaremos encantadas de poderte ofrecer las pautas adecuadas que ayuden al niño a superar esta situación.

Sandra Daudí, psicóloga

psicología castellón

Cuando se trata de planear nuestro futuro, a veces tenemos muchas dudas y otras un objetivo definido por el cual queremos luchar. Por ejemplo, conseguir aprobar unas oposiciones, sacar el título de una carrera universitaria, presentar la tesis doctoral, conseguir un ascenso en nuestro puesto de trabajo, poder comprar una vivienda, tener hijos…

Está bien y, de hecho, es positivo marcase metas y objetivos que motiven nuestra conducta, que nos guíen hacia una dirección y sean un aliciente para trabajar cada día por algo que nos ilusiona conseguir. Pero hay que tener en cuenta que dichas metas han de ser realistas y accesibles, y que las cosas puede que no salgan como esperamos y tener en mente un plan B o qué podríamos hacer en caso de que todo no salga tal y como nos lo hemos imaginado.

No se trata de anticipar que vamos a fracasar, se trata de mantener una actitud abierta ante lo que pueda ocurrir, sin dejar de lado nuestra meta principal y poner todo de nuestra parte para conseguirla. Hay que tener en cuenta que no todo depende de nosotros mismos, de nuestro empeño y esfuerzo. En ocasiones hay factores externos que influyen en que finalmente llegue lo que queremos o no.

Por ello, márcate metas que sea factible conseguir, crea un plan de acción y los pasos a seguir, empieza por el paso uno y sigue con los restantes hasta el final. Y, si no consigues el objetivo deseado:

  • Deja a un lado la culpa. En lugar de ello, analiza racionalmente la situación. ¿Podrías haber hecho algo diferente? ¿No ha salido como esperabas por tu falta de implicación o por alguna causa ajena a ti? ¿Puedes aprender algo de esta experiencia que te sirva en situaciones futuras?
  • Permítete estar triste o frustrado. Junto con la culpa por no haber conseguido nuestra meta, puede aparecer también el pensamiento de que “no tenemos derecho a sentirnos así” o que “hay gente que está en una situación peor que nosotros”. A cada persona le afectan unas cosas diferentes, y para cada uno lo suyo es lo más importante. Si algo te entristece o te afecta, date el tiempo para asimilarlo, tienes derecho a ello.
  • Una vez te hayas dado el tiempo que necesites para asumir lo ocurrido, plantéate una nueva meta. Siempre hay que delimitar objetivos nuevos e ir a por ellos.

De toda experiencia surge un aprendizaje y de él vamos evolucionando hacia una mejor versión de nosotros mismos.

Se aprende de las victorias, pero incluso más de las derrotas.

Eva del Río, psicóloga de Camins

 

psicologos para adolescentes

Vivimos en una sociedad en la que se da una importancia sobrevalorada a la apariencia física. Constantemente nos bombardean con imágenes de modelos con cuerpos perfectos y mensajes que promueven la idea de que el atractivo físico es sinónimo de aprobación y éxito. No es de extrañar que si asumimos estos mensajes como verdaderos y nos comparamos con estos modelos de belleza, percibamos que nuestro cuerpo se aleja de lo que se considera ideal. De este modo, nos podemos sentir presionados para alcanzar unos estándares estéticos poco reales y puede surgir una actitud negativa hacia nuestro propio cuerpo. Esto puede resultar dañino ya que estar insatisfechos con nuestro cuerpo aumenta el riesgo de tener baja autoestima, a la vez que nos empuja a seguir dietas estrictas, a practicar ejercicio físico excesivo, e incluso a someternos a cirugías peligrosas e innecesarias. Pasar tiempo preocupándonos por nuestro cuerpo y por cómo mejorarlo nos aleja de otros objetivos que pueden ser más importantes para sentirnos bien con nosotros mismos.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra imagen corporal?

  • Ante todo, recordemos que somos mucho más que nuestro aspecto físico. Valoremos todas nuestras cualidades, habilidades y logros.
  • Prestemos atención a cómo nos sentimos con nuestro propio cuerpo, no lo comparemos con el de los demás.
  • Seamos críticos con los mensajes sociales y las imágenes irreales que se transmiten por los medios de comunicación.
  • Apreciemos todo lo que el cuerpo hace por nosotros, es nuestro vehículo y nos permite hacer lo que queramos.
  • Utilicemos un lenguaje positivo, seamos amables con nosotros mismos.
  • Cada cuerpo es único, tratémoslo con respeto y cuidémoslo.

Amanda Barberá, psicóloga de Camins