¿Qué pasa si no me sale bien la entrevista de trabajo? ¿Tendré las cualidades que se requieren para el puesto? ¿Y si no soy el tipo de candidato que están buscando? ¿Qué pasa si no encuentro nunca trabajo? ¿Cómo haré para pagar los gastos?

¿Me pasará algo malo hoy? ¿Y si tengo un accidente? ¿Será grave y me tendrán que ingresar en el hospital? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para recuperarme? ¿Cómo lo haría para cuidar de mis hijos? ¿Y qué pasaría con mi trabajo?

La mayoría de personas tenemos preocupaciones sobre temas importantes en nuestra vida: familia, hijos, amigos, trabajo, estudios, economía, salud…

La preocupación es útil porque nos prepara para situaciones problemáticas, motiva la acción, promueve la resolución de problemas y previene la aparición de posibles sucesos negativos…

Sin embargo, la preocupación resulta disfuncional si se vuelve excesiva, se extiende a múltiples ámbitos de la vida cotidiana, resulta difícil de controlar y se asocia a un elevado grado de ansiedad.

Además, como vemos en el ejemplo previo, las cadenas de pensamientos se refieren a preocupaciones sobre posibles problemas o peligros que podrían ocurrir en el futuro pero, que a su vez, en la mayoría de los casos es poco probable que ocurran realmente.

De este modo, preocuparse de manera desproporcionada por problemas actuales o posibles sucesos negativos que puedan ocurrir en el futuro consume mucho tiempo y energía, entorpece la resolución de problemas y genera malestar emocional y síntomas de ansiedad como inquietud, tensión, problemas de concentración, fatigabilidad, irritabilidad, insomnio, entre otros.

En este caso podemos estar hablando de un problema psicológico conocido como trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

Las personas con TAG:

  • Se preocupan por cosas que es improbable que sucedan o que si ocurren son mucho más manejables y menos dramáticas de lo que ellas piensan.
  • Tienden a darle vueltas en su cabeza a las cuestiones que le preocupan, siendo incapaces de alcanzar una solución, de tomar decisiones y de vivir con relativa tranquilidad con las consecuencias que conllevan.
  • Presentan una elevada intolerancia a la incertidumbre.
  • Tienden a catastrofizar o esperar los peores resultados posibles.
  • Sobrestiman la probabilidad de ocurrencia de eventos negativos.
  • Subestiman su propia capacidad de afrontamiento en caso de que sucedan los mismos.

Cinco preguntas útiles para decidir si preocuparse es desadaptativo:

  • ¿Te preocupas por cosas sobre las que la mayoría de la gente no se preocupa?
  • ¿Encuentras muy difícil dejar de preocuparte y, en consecuencia, no puedes relajarte?
  • ¿Tu preocupación raramente da lugar a alcanzar una posible solución para un problema en particular?
  • ¿Crees que si no te preocupas, sucederá realmente un acontecimiento terrible?
  • ¿Te preocupas por no preocuparte o te preocupas cuando las cosas te van bien en la vida?

Algunas pautas que pueden ser útiles para manejar estos pensamientos:

  • Toma conciencia de tus preocupaciones.
  • Pregúntate:
    • ¿La preocupación se refiere a un problema actual? Si el problema es real y ya existe, ocúpate. Toma decisiones sobre la manera de solucionarlo y actúa.
    • ¿La preocupación tienen que ver con situaciones hipotéticas? Si el problema no existe todavía (y, en muchos casos, no existirá), no te anticipes.
  • Analiza las razones por las que las consecuencias negativas que temes son exageradas y a la vez es poco probable que ocurran.
  • Piensa en los motivos que indican que resultados alternativos menos negativos son más realistas y también más probables.
  • Describe las cosas tal y como son en el presente y actúa en consecuencia. El futuro es incierto y, como aún no existe, no podemos actuar sobre él.
  • En caso de que ocurran las consecuencias que temes, confía en tu capacidad para afrontarlo. Ya has tenido que hacer frente a otros problemas y has podido lidiar con ello. Siempre habrá alguna opción para resolverlo.

Amanda Barberá, psicóloga de Camins