Cuando se trata de planear nuestro futuro, a veces tenemos muchas dudas y otras un objetivo definido por el cual queremos luchar. Por ejemplo, conseguir aprobar unas oposiciones, sacar el título de una carrera universitaria, presentar la tesis doctoral, conseguir un ascenso en nuestro puesto de trabajo, poder comprar una vivienda, tener hijos…

Está bien y, de hecho, es positivo marcase metas y objetivos que motiven nuestra conducta, que nos guíen hacia una dirección y sean un aliciente para trabajar cada día por algo que nos ilusiona conseguir. Pero hay que tener en cuenta que dichas metas han de ser realistas y accesibles, y que las cosas puede que no salgan como esperamos y tener en mente un plan B o qué podríamos hacer en caso de que todo no salga tal y como nos lo hemos imaginado.

No se trata de anticipar que vamos a fracasar, se trata de mantener una actitud abierta ante lo que pueda ocurrir, sin dejar de lado nuestra meta principal y poner todo de nuestra parte para conseguirla. Hay que tener en cuenta que no todo depende de nosotros mismos, de nuestro empeño y esfuerzo. En ocasiones hay factores externos que influyen en que finalmente llegue lo que queremos o no.

Por ello, márcate metas que sea factible conseguir, crea un plan de acción y los pasos a seguir, empieza por el paso uno y sigue con los restantes hasta el final. Y, si no consigues el objetivo deseado:

  • Deja a un lado la culpa. En lugar de ello, analiza racionalmente la situación. ¿Podrías haber hecho algo diferente? ¿No ha salido como esperabas por tu falta de implicación o por alguna causa ajena a ti? ¿Puedes aprender algo de esta experiencia que te sirva en situaciones futuras?
  • Permítete estar triste o frustrado. Junto con la culpa por no haber conseguido nuestra meta, puede aparecer también el pensamiento de que “no tenemos derecho a sentirnos así” o que “hay gente que está en una situación peor que nosotros”. A cada persona le afectan unas cosas diferentes, y para cada uno lo suyo es lo más importante. Si algo te entristece o te afecta, date el tiempo para asimilarlo, tienes derecho a ello.
  • Una vez te hayas dado el tiempo que necesites para asumir lo ocurrido, plantéate una nueva meta. Siempre hay que delimitar objetivos nuevos e ir a por ellos.

De toda experiencia surge un aprendizaje y de él vamos evolucionando hacia una mejor versión de nosotros mismos.

Se aprende de las victorias, pero incluso más de las derrotas.

Eva del Río, psicóloga de Camins