El Síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo, que se engloba dentro de los llamados Trastornos del Espectro Autista. Afecta, principalmente, a tres aspectos:

  • Comprensión de estados emocionales: tienden a presentar dificultades para comprender las reglas sociales y relacionarse.
  • Lenguaje y comunicación: suelen expresarse adecuadamente, llegando, incluso, a resultar pedantes. En contraste, pueden ser muy literales y, en consecuencia, no comprender las bromas o metáforas.
  • Flexibilidad cognitiva: por lo general, se caracterizan por tener intereses restringidos y rutinas inquebrantables.

Su reciente popularidad, en los medios de comunicación y el mundo televisivo, no sólo ha difundido el trastorno sino, también, ciertos mitos sobre el mismo, que seguramente todos hayamos escuchado en alguna ocasión:

  • El Síndrome de Asperger es una enfermedad”: ni se transmite ni tiene cura, es un trastorno del desarrollo. En su mayoría, se diagnostica en la infancia y puede evolucionar favorablemente con un tratamiento psicológico adecuado.
  • Las personas con Síndrome de Asperger son muy inteligentes”: ésta es una creencia bastante extendida pero lo cierto es su cociente intelectual ronda la media. Sólo una pequeña parte, se sitúa en un nivel alto. Se debe indicar que la justificación de esa idea se basa en la focalización de estas personas en los detalles y en temáticas concretas en las que se pueden especializar.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no se expresan bien”: el lenguaje es correcto y formal. La dificultad estaría en el uso social del mismo, es decir, en la entonación, en el volumen de voz u otras características pragmáticas del lenguaje.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no se relacionan”: desean relacionarse a pesar de ser conscientes de sus limitaciones a la hora de comprender a los demás. Como mencionamos con anterioridad, no captan los dobles sentidos, las metáforas ni la comunicación no verbal.
  • Las personas con Síndrome de Asperger no tienen empatía”: en línea con el apartado anterior, estas personas pueden aparentar desinterés en cómo puedan o no sentirse el resto. Sin embargo, esto únicamente es una consecuencia más de sus dificultades a la hora de interpretar las emociones tanto propias como ajenas, que muchas veces hace que sus reacciones disten de los patrones sociales esperados.

Ana Egea, psicóloga de Camins