La adolescencia implica muchos cambios a distintos niveles: físico, psicológico y emocional. Es un momento de crecimiento y evolución en la que se va desarrollando y definiendo la personalidad que tendrán los chic@s de adultos.

En esta etapa han de tomar decisiones importantes sobre su futuro cuando aun no son lo suficientemente maduros como para sentirse cómodos haciendo elecciones sobre ellos mismos. Han de elegir si querrán estudiar Bachiller o no, qué tipo de Bachiller en función de la carrera hacia la que se orienten…

Este tipo de decisiones importantes les generan mucho malestar, no saben lo que quieren y, aunque lo sepan, su opinión puede ser muy cambiante, lo que les puede generar angustia por no sentirse seguros del camino elegido.

A esto hemos de sumarle un mundo en pandemia, en la que se han cambiado las aulas llenas de alumnos por una pantalla de ordenador con clases virtuales desde su habitación, que la vida social se ha visto drásticamente reducida (y más en esta etapa de sus vidas donde relacionarse con sus iguales tiene más importancia que nunca), en el que no paran de llegar datos sobre cómo está afectando esta situación no solo a nivel sanitario (esto es evidente) sino también a nivel económico: negocios que cierran, elevadas tasas de desempleo, etc.

Este tipo de noticias generan desánimo en los adolescentes que se plantean cosas cómo “¿para qué voy a ir  la universidad si dicen que son los mejores años de tu vida, pero yo me los voy a pasar metido en mi habitación haciendo clases online y sin poder interactuar con mis compañeros?”, “¿para qué estudiar si cuando termine no voy a encontrar trabajo de nada?”, “no vale la pena el esfuerzo y más si no tengo claro lo que quiero hacer”.

En este momento, los padres juegan un papel importante. Hay que tratar de escucharles, dejarles que expresen libremente como se sienten, que no quitemos importancia a sus preocupaciones diciéndoles que las nuestras son más graves (“¿tú estás preocupado?, y yo ¿qué? Que tengo que pensar en pagar la hipoteca”). En cada etapa de la vida y, para cada persona, son importantes cosas diferentes, pero no quiere decir que no haya que ofrecerles comprensión y un espacio en el que poder decir lo que piensan, si quieren hacerlo, sin presionarles.

En ocasiones nos encontraremos con adolescentes confusos que buscan orientación, una guía, alguien que les diga qué camino es el más adecuado escoger. Pero hay que recordar que debemos fomentar su autonomía, lo que a su vez repercutirá en que desarrollen una sana autoestima. Debemos acompañarles en el proceso de toma de decisiones sin decidir por ellos. Han de empezar a asumir responsabilidad sobre sus elecciones personales. El papel de los padres en este caso es el de escuchar, aconsejar y apoyar en las decisiones tomadas por sus hijos, recordándoles que si cambiasen de opinión o descubrieran que ese camino no les hace felices, siempre se puede tomar otro camino distinto.

Acompaña a tu hijo en el camino de la vida, pero no lo recorras por él. De este modo le preparas para que sea capaz de seguir caminando él solo.

Eva del Río, psicóloga de Camins