Muchas personas consideran que si tratan de “tenerlo todo bajo control” van a sentirse más tranquilas y seguras. La realidad es bien diferente. La vida es constante cambio y evolución y cuanto más tratamos de controlarlo todo, paradójicamente, sentimos una mayor inseguridad. Siempre pueden surgir imprevistos, las situaciones son cambiantes, las personas, a veces imprevisibles y es muy difícil que todo ocurra tal y como esperamos.

Seguro que todos teníamos muchos planes para 2020, pero la vida de nuevo nos dio una gran lección “amóldate a las cosas conforme surgen. Ten previsto que la situación puede cambiar en cualquier momento”. Podemos ser rígidos, con ideas fijas sobre lo que queremos (como un metal, que por muy fuerte que sea, bajo presión puede partirse) o podemos ser flexibles y ajustarnos a las cosas conforme se presentan (como un junco en un río que ante la fuerza de la corriente del agua, se dobla, se flexiona, se amolda y no llega a romperse).

Es precisamente la baja tolerancia a la incertidumbre, a no saber lo que va a pasar, como las situaciones pueden cambiar de repente, lo que puede llevar a algunas personas a desarrollar problemas de ansiedad. Esto ocurre porque anticipan todo el tiempo aquello que puede llegar a ocurrir y, normalmente, los pensamientos suelen ser catastrofistas, pensando en la peor situación posible.

Para trabajar sobre esto, la idea no es cambiar pensamientos negativos por positivos, esto resulta poco útil y efectivo. Se trata de expandir la forma de pensar sobre las cosas, tratar de ajustar los pensamientos a que sean un poco más realistas, basados en algo más palpable y no solo en nuestras suposiciones y plantearnos variedad de posibilidades, donde lo que temo puede ocurrir pero también lo que me gustaría. De este modo mi angustia puede verse reducida.

También hay gente que confunde la rigidez mental con tener unos valores claros y definidos. Uno puede ser fiel a su postura sobre las cosas pero siempre con una actitud abierta a escuchar opiniones diferentes, lo cual es muy enriquecedor y nos ayuda a evolucionar y crecer. Cerrarnos en banda a aquello que es contrario a lo que pensamos, solo nos genera malestar, nos puede llevar a desarrollar irritabilidad, ansiedad, angustia, conflictos con nuestros seres queridos, rumiación (darle vueltas a las mismas ideas una y otra vez sin encontrar solución), etc.

Mantener la mente abierta, tratar de vivir más centrado en el presente para ir adaptándonos a las situaciones conforme surgen, ser previsores pero sin ser catastrofistas son valores de protección para enfrentar la adversidad.